¿Quién no recuerda?
El Puesto de Mariquilla:
Siempre en la puerta del Colegío, este anciano tenía un canasto en el que se nos suministraba previo pago, chicles, caramelos, bolas de cristal, "paladul", etc.. Nos lo encontrábamos en la puerta de colegio a la entrada, salida y en los recreos. ¿Quién no le ha comprado a mariquilla.?.
La Ernestería:
Junto a Secretaría y siguiendo el pasillo donde vivía el portero nos encontrábamos con un particular lugar en el cual se nos vendían lápices, bolígrafos, cuadernos, reglas, gomas y demás material escolar. Este sitio estaba atendido por Ernesto, de ahí su nombre; " la Ernestería".
Clase de Pretecnología:
Este es un singular nombre para una asignatura, que de toda la vida ha sido manualidades, pero con un nombre más exótico. Que decir del arco de seguetas, que nosotros no conozcamos, pues nos hicimos expertos en su manejo, en usar plantillas y encajar las diferentes piezas que de ellas salían.
La frase jeroglífica de Don Antonio Expósito.
Algunos todavía recordamos esa frase que nos hizo aprender Don Antonio para recordar los elementos de la tabla periódica: Cosa interesante; si nos aprendíamos la tabla periódica como si se tratara de la tabla de multiplicar, eso es de "carretilla", para identificar el elemento en su columna e incluso con su valencia y electrones por capas, sólo teníamos que memorizar esta frase: " Hibeestiva Croman Feconi Cuzinc Bocarne Oflu", correspondiendo cada sílaba con el primer elemento de cada columna.
El Puesto de Mariquilla:
Siempre en la puerta del Colegío, este anciano tenía un canasto en el que se nos suministraba previo pago, chicles, caramelos, bolas de cristal, "paladul", etc.. Nos lo encontrábamos en la puerta de colegio a la entrada, salida y en los recreos. ¿Quién no le ha comprado a mariquilla.?.
La Ernestería:
Junto a Secretaría y siguiendo el pasillo donde vivía el portero nos encontrábamos con un particular lugar en el cual se nos vendían lápices, bolígrafos, cuadernos, reglas, gomas y demás material escolar. Este sitio estaba atendido por Ernesto, de ahí su nombre; " la Ernestería".
Clase de Pretecnología:
Este es un singular nombre para una asignatura, que de toda la vida ha sido manualidades, pero con un nombre más exótico. Que decir del arco de seguetas, que nosotros no conozcamos, pues nos hicimos expertos en su manejo, en usar plantillas y encajar las diferentes piezas que de ellas salían.
La frase jeroglífica de Don Antonio Expósito.
Algunos todavía recordamos esa frase que nos hizo aprender Don Antonio para recordar los elementos de la tabla periódica: Cosa interesante; si nos aprendíamos la tabla periódica como si se tratara de la tabla de multiplicar, eso es de "carretilla", para identificar el elemento en su columna e incluso con su valencia y electrones por capas, sólo teníamos que memorizar esta frase: " Hibeestiva Croman Feconi Cuzinc Bocarne Oflu", correspondiendo cada sílaba con el primer elemento de cada columna.
El Estanque de Agua del Patio.
Que decir de este estanque que no sepamos. Cada temporada caía alguien al agua y tenía que pasar toda la mañana con la ropa mojada al solecito para que se secara. Lo que no me explico todavía cómo se podían caer la gente tan fácilmente, pues no era un sitio de paso, ni tampoco un lugar en el que se pudiera resbalar fácilmente; creo que a la gente lo empujaban para hacer la gracia.
"Detrás los Talleres".
Lugar de reunión "clandestina" prohíbida por nuestros maestros. Supongo, aunque no recuerdo muy bien, que nos reuníamos para fumar o para maquinar alguna trastada.
¿A qué jugábamos en el Recreo?
Las Canicas:
Consistía en apostar las bolas con la que se jugaba, para ello se realizaban hoyos por todo el patio, cada uno tenía su preferido, a base de golpear la del contrario y despues acercarlas al hoyo con los caracteristicos 3 "mecos", se apuntaba al hoyo para meterlas y volver a golpear. Las bolas estaban hechas de cristal, chino o eran de baterías y existían los torpes "bolones" de cristal que valían por dos bolas de apuesta.
El "Clavo":
Todos hemos jugado con un clavo de metal sobre unos recuadros en forma de dameros y sobre una superficie de barro humedo y duro. Lo ïbamos clavando por tocas y a más de uno se le revotaba en el suelo y le daba un disgusto.
Futbol:
No Comment
Frontenis:
Sobre el muro del Edificio del patio de abajo golpeabamos con una pelota de tenis a un bote la pared, uno tras otro, eso si por encima del zócalo hasta fallar y pasar al último turno.
Policía y ladrones:
Vamos el pillar de toda la vida pero con carcel y todo.
Salto Machuca:
Muy célebre durante nuestra época y prohibido por el colegio por lo "bestia" que era. Saltabamos por equipo sobre otros que estaban agachado boca abajo y enganchados unos a otros. Debíamos quedar encima de ellos sin caer al suelo. El que más y el que menos se destrozaba o la cabeza o los brazos o las piernas, eso sin hablar de los múltiples porrazos que nos llevabamos todos.
Llevar carteras de 15 kilos cada mañana (no existían los niños con mochila-carrito), hacer raíces cuadradas, salto machuca, pintar en las mesas... Pero, sobre todo, hay una multitud de objetos inservibles que por entonces eran tan vitales como pesados y que hoy en día no tendrían ninguna utilidad. A saber:
- Cartera: Por regla general tenían uno o dos broches grandes y el clásico bolsillo pequeño. Era un elemento que se cuidaba bastante. Te daba cierto caché infantil.
- La regla para hacer un mapa de España: Una silueta de plástico, ora transparente, ora opaca, con dibujos de los ríos y tal. ¿Tantas veces dibujábamos la piel de toro para necesitar una regla específica? A ésta hay que añadir el transportador de ángulos, la escuadra, el cartabón y la reglota de 25 centímetros o 50 grandes, los estuches esos de plástico que eran como carpetas y tenían todas las reglas que necesitábamos.
- Folios del galgo: Anda que no eran famosos esos, que los ponías a la luz y había un galgo dibujado.
- Ceras blandas y duras: Las primeras, Pelykan; las segundas, Plastidecor ("no se rompe / no se ensucia / se puede borrar"). Cada una tenía su utilidad. La dura de color carne era, paradójicamente, muy utilizada. De pequeños creíamos que el mundo era de color de rosa, y la gente del color ése.
- Pegamento de barra: Marca Pritt, por supuesto. Limpio, estético y fácil de usar. Siempre fui muy fan, aunque no oliese. Lástima.
- Boli de 20 colores: Uno de mis elementos favoritos: ¿Quién podía resistirse a escribir en naranja y en fuxia con un superboli del ancho de un calabacín?
- Sacapuntas de dos agujeros: Esos de dos agujeros eran un poco inútiles. El grande realmente nunca se utilizaba.
- Cuadernos de cuadros y de rayas: Enemigo acérrimo del de rayas. Espero que se hayan extinguido.
- Forrados en general: Había que forrar los libros, eso era así, pero qué leñazo era.
- Lápices duros y blandos: Otra estupidez. Eso sí, el diseño de los Staedtler, amarillos y negros, muy bueno.
- Goma de borrar: Milán era casi un monopolio.
- Lápices de colores y rotuladores: Había más debate en torno a los lápices de colores de madera, que mayoritariamente eran Alpino pero no había unanimidad. Sí que era monopolio Carioca en los rotuladores. Su supercaja con lo menos 50 colores (¿para qué servía el gris, si no era gris?), en ese estuche de plástico duro que se abría por arriba.
- Uno de los clásicos regalo de comunión por excelencia; el compás.
El ascenso en la escala del compás era tanto socioeconómico como académico: empezabas con uno que tenía un agujerillo y una tuerca donde insertabas un lápiz y acababas con el de los accesorios inútiles (no he visto ni conozco a nadie que haya utilizado uno jamás) que tenía un ruedón en medio en el que fijaba los palitroques.


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